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miércoles, 24 de abril de 2013

¿Tú te acuerdas?

Yo sí, de vez en cuando. Esto acabará siendo más bien una reflexión que no un relato, algo más personal, algo que sale más de dentro, y es que si que me acuerdo, de todo. ¿De qué? De la gente que entra y que sale, de la que eché con fuerza y sin miramientos y de la que he dejado entrar con demasiada facilidad. Los humanos somos humanos, y aunque sea la excusa más universal de este planeta, si es más cierto que el error nos cae a todos encima como una maldita losa de barro asquerosa. 

Como humana, caigo una y otra vez contra la misma piedra, pero, como humana, sonrío cuando de verdad lo siento y lloro cuando lo necesito. He conocido a personas maravillosas en mi vida y sólo tengo veinte años. Desde pequeña, he tenido dificultad para relacionarme realmente - cosa que he ido cambiando con el tiempo - pero siempre había alguien con más vida que yo, con más ganas que yo, que se comía el mundo y a los demás por mi. ¿Puedo decir que he sentido la amistad como tal alguna vez? Sí. Aunque he llorado y he gritado he reído y he disfrutado como nunca con personas que he considerado como mis hermanos. ¿Necesitas realmente un mejor amigo o amiga? Esa es una respuesta que aún no tengo del todo clara.

He tenido a mi lado a personas maravillosas. De siempre. Que se atrevieron a llegar a mi corazón cuando parecía no ser tan fácil. He tenido miedo y he perdido a muchas por el camino, de formas posiblemente demasiado complicadas como para recuperar enteramente, pero me he sentido querida y probablemente eso sea lo más importante para mi. 

Si hablamos de amigos podría hablar de nombres. Y actualmente creo que tengo tres importantes, tres que destacan, tres que se escribirían en mi memoria con mayúsculas. Son tres nombres que no creo que haga falta que escriba, que se saben, que lo saben. Esas tres personas que, cuando pienso en ellas, recuerdo un cariño que no recuerdo con muchos más. Tres mujeres, tres con las que puedo decir que, a día de hoy, no las tengo tan cerca como en su momento, como cuando pensaba que nunca las tendría lejos. 

¿Ahora? No puedo quejarme. El mundo te muestra caminos que no has explorado jamás y que deseas conocer, personas que, afines a ti, se unen para hacerte reír hasta llorar. ¿Amigos? Sí, los tengo, y vosotros que sabéis quienes sois no tengo más que deciros lo mucho que yo os quiero. Las risas, las cenas, los locos cumpleaños y las locas fiestas. La música ¿eh?. Es mi maldito mundo y por eso estoy bien. La gente va y viene, la mayoría no para quedarse, pero yo sí quiero quedarme. 

Mentiría si dijese que no echo de menos algo del pasado, alguien del pasado. ¿Misma confianza? Yo sigo queriendo a todos los que me quisieron, podría saber, decir y apostar que ellos a mi, de alguna forma u otra, también. Es difícil, yo lo sé. Pero siempre podemos quedar y tomar un café.

Y aquí lo tenéis, la reflexión del día. Sed felices.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Estados de ánimo.

Y se había encerrado en el cajón. Era frío, tan helado como ella, imposible de ser abierto desde dentro, se había desvanecido hasta caer bajo llave dentro del cajón. "Ya no quiero salir" repetía para un público que no podía oírla. "Dejadme morir en paz" murmuraba, desquiciada completamente. Ese momento de dolor interno que te arranca las entrañas secamente y con dolor, tanto que no eres capaz de soportarlo. El húmedo cajón se ceñía debajo de mil capas de desesperación, la locura lo carcomía y el veneno del alma lo enfermaba. Se retorcía de dolor y deseaba cual masoquista mucho más de este creyendo irónicamente que alguna vez se lo había merecido. Y si moría, que fuese por el bien y para el mundo.